Si saliste o estás por salir hacia la Costa Atlántica este verano 2026, probablemente ya viste las noticias o el mapa del GPS en rojo furioso. La Autovía 2 y la Ruta 11 están colapsadas, y para colmo, los peajes aumentaron recientemente, llevando el costo del viaje a cifras que duelen en el bolsillo. Pero hay una alternativa. Existe un camino por el “interior” de la Provincia de Buenos Aires que los locales y los viajeros expertos usan para esquivar el embotellamiento, disfrutar de paisajes de campo y conducir con fluidez mientras el resto sigue frenando en Samborombón.
Aquí te contamos la verdad sobre la Ruta Provincial 29 y el empalme con la Ruta 226: la estrategia definitiva para llegar a Mar del Plata (y conectar a Pinamar o Gesell) salvando tiempo mental y dinero.
La “Ruta del Interior”: Por qué elegir la Ruta 29

Mientras todos se agolpan en la Autovía 2, la Ruta Provincial 29 corre casi paralela pero mucho más al oeste, atravesando zonas rurales tranquilas. No es una autovía (es mano y contramano), pero su bajo caudal de tránsito en comparación con la 2 la convierte en una opción ganadora los días de recambio turístico o fin de semana largo.
El recorrido clave es el siguiente:
- Tomas la salida hacia Brandsen y empalmas la Ruta 29.
- Bajas directo hacia General Belgrano (cruce con Ruta 41).
- Sigues bajando por la 29 hasta Ayacucho (cruce con Ruta 74).
- Desde Ayacucho, tomas la Ruta 226 directo a Balcarce y de ahí a Mar del Plata.
Si vas a Pinamar o Villa Gesell, en Ayacucho tomas la Ruta 74 hacia el este (hacia Madariaga). Aunque sumas unos kilómetros extra (aproximadamente 100 km más que por la 2), la fluidez constante suele compensar el tiempo perdido en las filas de los peajes de la costa.
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El dato vital: El “desierto” de combustible
Esto es lo más importante que tenés que saber antes de subirte al auto. La Ruta 29 es hermosa y tranquila, pero tiene un tramo crítico de aproximadamente 160 kilómetros sin estaciones de servicio. Este tramo se encuentra entre General Belgrano y Ayacucho.
La regla de oro: Cargá tanque lleno en General Belgrano sí o sí. No te arriesgues a “llegar con lo justo”, porque si hay viento en contra o tenés que acelerar para pasar camiones, el consumo sube y no vas a encontrar auxilio en el medio de la nada. Además, llevá agua y algo para comer, ya que la oferta de paradores es casi nula en comparación con la Ruta 2.
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Estado del asfalto y seguridad en 2026
A día de hoy, la Ruta 29 presenta un estado general bueno, pero exige un manejo mucho más técnico y atento que la autovía:
- Es ruta de mano y contramano: Los sobrepasos deben hacerse con extrema precaución. No es para conductores ansiosos.
- Banquinas descalzadas: En varios sectores, la banquina es de pasto o tierra y puede tener desnivel. Si llueve, evitá bajar a la banquina a menos que sea una emergencia absoluta.
- Animales sueltos: Al ser zona netamente ganadera, es común ver carpinchos, zorros o incluso vacas cerca del alambrado. Evitá transitarla de noche si no conocés el camino.
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Radares y controles: Dónde levantar el pie
Aunque hay menos controles que en la Ruta 2 (donde las cámaras de fotomultas son constantes), la Ruta 29 y sus conexiones no son tierra de nadie. Prestá especial atención en:
- General Belgrano: Radares en los accesos y cruce con Ruta 41.
- Ayacucho: Control policial y radar en la rotonda de cruce con la 74.
- Balcarce (Ruta 226): La zona serrana tiene controles de velocidad móviles y fijos en los accesos a la ciudad.
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¿Vale la pena el desvío?
Si tu prioridad es llegar “rápido” pisando el acelerador, la Ruta 2 (si está vacía) siempre será la reina. Pero en plena temporada 2026, con la Ruta 2 colapsada a paso de hombre, la opción de la Ruta 29 te garantiza movimiento constante. Vas a manejar más kilómetros y quizás tardes lo mismo en horas reloj, pero te ahorrás el estrés de frenar cada dos metros, gastás menos en peajes y disfrutas de un paisaje serrano increíble al llegar a Balcarce.
Si te gusta manejar y querés cuidar el auto y la billetera, esta “vuelta larga” es, hoy por hoy, el secreto mejor guardado para empezar las vacaciones con una sonrisa y no con un dolor de cabeza.















