El primer televisor en Argentina: cómo el debut de Canal 7 cambió las costumbres y la vida familiar

Hoy resulta imposible imaginar la vida sin una pantalla al alcance de la mano, pero en sus comienzos la televisión argentina era un espectáculo callejero y colectivo.

El 17 de octubre de 1951 nació oficialmente Canal 7 con la transmisión del acto del Día de la Lealtad, pero los aparatos eran tan caros e inaccesibles que casi nadie tenía uno en su hogar.

Amontonados en la vereda: el fenómeno de las vidrieras y los bares

Ante la falta de receptores privados, los comercios de electrodomésticos comenzaron a encender los televisores orientados hacia la calle.

Durante los partidos de fútbol o eventos importantes, las veredas se llenaban de fanáticos e incluso la presión de la gente llegó a romper algunos cristales.

Los bares, confiterías y clubes también sumaron pantallas para convocar clientes, transformando un hábito individual en una actividad de encuentro social público.

“Ir a lo del vecino”: la costumbre que revolucionó a los barrios

Tener un televisor en la década de 1950 convertía a su dueño en un anfitrión involuntario de todo el vecindario.

Amigos, familiares y vecinos se acomodaban en los livings de quienes habían podido comprar un equipo para compartir la programación.

La fascinación era tal que en muchas casas giraban el televisor hacia la puerta para que las personas que no entraban pudieran mirar el programa desde el patio.

Golpes para que funcione: los fallos de la tecnología de época

Los primeros aparatos traídos desde Estados Unidos por el empresario Jaime Yankelevich estaban muy lejos de ofrecer una imagen perfecta.

Eran equipos voluminosos que sufrían constantes rayas en la pantalla, pérdidas de señal e interrupciones.

Para solucionar las fallas, muchas familias recurrían a un método casero: darle golpes al mueble de madera hasta que la imagen volvía a enganchar.

El impacto que cambió la organización del hogar para siempre

Con el paso de los años y la baja de costos, el televisor se mudó definitivamente de la calle al living de las familias.

La distribución de las casas cambió radicalmente, organizando sillones y sillas en fila como si fuera una pequeña sala de cine.

Además, nacieron nuevas reglas sociales, como fijar horarios estrictos para los chicos y modificar las rutinas de la cena.

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