De cara a los próximos ajustes en las boletas de luz, gas y servicios básicos, el panorama internacional sumó un fuerte posicionamiento. El Fondo Monetario Internacional cuestionó el uso de subsidios a las tarifas como método para frenar la inflación, señalando su elevado costo presupuestario.
Ineficiencia fiscal y sobrecosto para las cuentas públicas
Un estudio del FMI realizado sobre 76 economías reveló que subsidiar la producción de energía resulta hasta 22 veces más costoso que realizar transferencias directas.
Asimismo, intentar contener los precios finales para todos los consumidores exige entre 3 y 6 veces más recursos fiscales que la asistencia focalizada en familias vulnerables.
Poca llegada de la ayuda estatal a los sectores vulnerables
El informe evidenció que las medidas generalizadas benefician en menor proporción a quienes más lo necesitan.
Durante la crisis energética europea, menos de 20 céntimos por cada euro gastado en subsidios llegaron al 20% de los hogares de menores ingresos.
Impacto en el consumo energético y endeudamiento
Mantener los valores atrasados o congelados distorsiona los incentivos de consumo y desestimula el ahorro energético, según detalló el organismo.
Esta práctica incrementa la deuda pública y restringe el margen de maniobra fiscal de los Estados frente a crisis prolongadas.
La recomendación oficial: transferencias directas y focalizadas
El FMI propuso reemplazar el esquema actual por ayudas directas, temporales y transparentes dirigidas a los hogares golpeados por la inflación.
Para casos de fuerte tensión social, el organismo evaluó extender la cobertura a sectores medios, siempre con esquemas de caducidad explícitos.
