En una sesión maratónica y de alto voltaje político, el Senado de la Nación convirtió en ley la ratificación del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE). Con esta decisión, Argentina se transforma oficialmente en el segundo país del bloque regional en completar el proceso legislativo, solo por detrás de Uruguay, marcando un hito en la política exterior y comercial del país tras más de dos décadas de negociaciones.
La aprobación se dio en el marco de las sesiones extraordinarias, donde el oficialismo logró consolidar una mayoría con el apoyo de bloques aliados. La rapidez de la ratificación responde a una estrategia del Ejecutivo para posicionar a los productos argentinos en una situación de ventaja competitiva frente a sus socios regionales.
El beneficio de la “primera ratificación”: acceso a cuotas exclusivas
Uno de los puntos más relevantes y menos conocidos de la letra chica del acuerdo es la cláusula de prioridad para el acceso a mercados. Según lo establecido en los protocolos del tratado, el país del Mercosur que ratifique primero el acuerdo —en este caso, tras Uruguay y Argentina— tiene el derecho preferencial de utilizar el 100% de las cuotas de exportación asignadas por la Unión Europea hasta que el resto de los socios (Brasil y Paraguay) completen sus propios trámites internos.
Esto significa que, durante el periodo de transición, las empresas argentinas podrán exportar carne bovina, granos, vinos y productos de las economías regionales con arancel cero o preferencial, ocupando cupos que tradicionalmente se disputan con los productores brasileños. Se estima que este acceso temprano podría inyectar más de 1.200 millones de dólares adicionales a la balanza comercial argentina en el primer año de vigencia.
Sectores ganadores y productos con arancel cero
El acuerdo contempla una liberalización gradual del comercio, pero hay beneficios que impactarán de forma inmediata o en el corto plazo:
- Economías Regionales: Productos como el limón, las uvas, las ciruelas, las manzanas y los frutos secos verán eliminados sus aranceles de entrada a Europa de forma casi instantánea.
- Carne y Biocombustibles: Argentina obtuvo cuotas específicas para carne vacuna de alta calidad (Hilton) y una ventana de exportación para el biodiésel que resultará clave para las plantas del cordón industrial de Rosario.
- Vinos: La eliminación de aranceles permitirá a las bodegas mendocinas y sanjuaninas competir en igualdad de condiciones con los vinos chilenos en los supermercados europeos.
Impacto en el consumo: tecnología y bienes industriales
Para el consumidor argentino, la ratificación del acuerdo abre la puerta a una baja de precios en bienes importados de origen europeo en el mediano plazo. El tratado prevé la eliminación de impuestos a la importación para:
- Automóviles y autopartes: Principalmente en modelos de alta gama y componentes de precisión.
- Maquinaria agrícola: Vital para la tecnificación del campo argentino.
- Tecnología y químicos: Equipamiento médico y productos farmacéuticos que hoy tienen aranceles elevados.
El camino que falta: la respuesta de Francia y Bruselas
Aunque Argentina ya cumplió con su parte, la entrada en vigencia plena del acuerdo aún depende de la ratificación del Parlamento Europeo y de la aprobación por parte de los estados miembros de la UE. Francia continúa encabezando la resistencia al tratado, exigiendo cláusulas ambientales más estrictas (las denominadas “cláusulas espejo”) para proteger a sus agricultores.
Sin embargo, el Gobierno argentino confía en que el peso de Alemania y España, principales impulsores del pacto en Europa, logre destrabar la firma definitiva en Bruselas durante el transcurso de 2026. Con la ley ya sancionada en Buenos Aires, Argentina envía una señal de seguridad jurídica que busca atraer inversiones europeas en sectores estratégicos como el litio, el hidrógeno verde y la energía.
Qué significa para el trabajador y la industria nacional
La ratificación incluye un capítulo de “Defensa Comercial” y salvaguardas que permiten al país restablecer aranceles de forma temporal si se detecta un daño súbito a la industria nacional. El sector textil y del calzado, dos de los más sensibles, cuentan con periodos de desgravación de hasta 15 años, lo que otorga un margen de tiempo para mejorar la productividad antes de competir plenamente con los productos europeos.
La apuesta del Gobierno es que la integración con un mercado de 450 millones de consumidores con alto poder adquisitivo fuerce una modernización del entramado productivo local, generando empleo de mayor calidad en áreas de servicios basados en el conocimiento y agroindustria de valor agregado.














