IPC 2026: Cómo funcionan los nuevos ponderadores de la inflación y qué rubros pesarán más en el índice

A partir de este mes de enero de 2026, la medición de la inflación en la Argentina atraviesa su transformación técnica más profunda de las últimas dos décadas. El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) ha puesto en marcha el nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC), una actualización metodológica que busca reflejar con mayor precisión cómo gastamos los argentinos hoy, dejando atrás una estructura de consumo que databa del año 2004.

Este cambio no es meramente estadístico: los nuevos ponderadores tienen un impacto directo en el número final de la inflación mensual, lo que a su vez influye en paritarias, contratos de alquiler y la percepción del poder adquisitivo. A continuación, detallamos cuáles son los rubros que ganan peso, cuáles pierden y por qué esta actualización es clave para la economía que viene.

El fin de la canasta de 2004: ¿Por qué cambió el IPC?

Hasta diciembre de 2025, el INDEC utilizaba una estructura de consumo basada en encuestas de hace más de 20 años. En ese entonces, los hábitos eran radicalmente distintos: el gasto en servicios digitales era marginal, la telefonía móvil no tenía la centralidad actual y el peso de las tarifas de servicios públicos estaba fuertemente subsidiado.

Para subsanar este desfasaje, el nuevo IPC utiliza ahora la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017/18. Aunque esta encuesta también tiene algunos años, representa un salto cualitativo hacia la modernidad, incorporando el auge del comercio electrónico, las plataformas de streaming y una nueva configuración del gasto en transporte y servicios.

Ganadores y perdedores: Los nuevos pesos de la canasta

La actualización de los ponderadores redistribuye la importancia de cada rubro. Los movimientos más significativos se dan en los servicios y la tecnología, en detrimento de los bienes de consumo inmediato.

  • Vivienda y Servicios Básicos: Es el rubro que más crece. Pasa de representar el 9,4% a un 14,5% del índice total. Este incremento refleja el impacto del reordenamiento de tarifas de luz, gas y agua que marcó los últimos años, otorgándoles una mayor incidencia en el cálculo de la inflación general.
  • Comunicaciones: Su peso prácticamente se duplica, saltando del 2,8% al 5,1%. Aquí se registra el peso real que hoy tienen internet y la telefonía móvil en el presupuesto mensual de las familias argentinas.
  • Transporte: Sube del 11% al 14,3%, impulsado tanto por el costo de los combustibles como por la actualización de los boletos de transporte público tras la reducción de subsidios.
  • Alimentos y Bebidas no Alcohólicas: Por primera vez en décadas, este rubro reduce su protagonismo, bajando del 26,9% al 22,7%. Si bien sigue siendo el componente más importante, su menor peso relativo significa que, de ahora en más, un salto en el precio de la carne o la leche tendrá un impacto levemente menor en el índice general que antes, mientras que un aumento de tarifas se sentirá mucho más.
  • Otros rubros que pierden peso: Indumentaria (cae del 9,9% al 6,8%) y Restaurantes y Hoteles (baja del 9% al 6,6%), reflejando una mayor selectividad en el gasto de esparcimiento y vestimenta.

Más precios y más tecnología en la medición

La reforma de 2026 no solo cambia los porcentajes, sino también la forma de recolectar los datos. El INDEC ha ampliado la base de medición de 320.000 a 500.000 precios mensuales, aumentando también la cantidad de informantes de 16.700 a más de 24.000 en todo el país.

Además, se ha digitalizado completamente la captura de información, eliminando los formularios en papel y permitiendo un procesamiento más rápido y transparente. Otro cambio fundamental es la incorporación de registros administrativos: el INDEC ahora cruza datos con ARCA, BCRA y ANSES para validar las tendencias de consumo y precios de manera sistémica.

¿Qué significa esto para el bolsillo?

Para el ciudadano común, este nuevo IPC significa que el “número oficial” debería parecerse más a lo que siente en el supermercado y al pagar las facturas. Con la metodología anterior, el índice solía verse muy afectado por la volatilidad de los alimentos, pero subestimaba el impacto de los aumentos en servicios públicos.

A partir de los datos de enero (que se conocerán en febrero), el IPC será un termómetro más sensible a las decisiones de política económica sobre tarifas y servicios, brindando una imagen más fiel de la realidad inflacionaria de la era actual.

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