Raúl era un perro callejero con grandes aspiraciones.
Hace al menos 14 años, él había decidido que su nuevo hogar sería la Casa de Gobierno de La Rioja, se instaló, conquistó a todos -o casi, porque alguna vez quisieron desalojarlo, aunque no pudieron- y hasta instauró que su lugar para dormir la siesta era en el medio del paso, entonces todos los funcionarios lo esquivaban.
Como cuenta Analía de la Vega en su posteo “nunca le faltó comida, atención veterinaria y cama cómoda. Era el perro guardián celoso de su hogar, el principal edificio de la ciudad, a quien todos respetaban, admiraban y querían”.
El perrito marrón se sentaba en la puerta principal y esperaba el “hola Raúl” de cada trabajador.
El 26 de diciembre, Raúl murió. Era uno de los pocos seres del edificio que había pasado por tres gobernaciones distintas y seguía ahí. Los empleados, los encargados de seguridad, todos lo lloraron.
En homenaje, el gobernador Sergio Casas autorizó a que lo enterraran en uno de los jardines del edificio con una emotiva placa.-
