Una antigua bóveda perteneciente a la familia Girado, con fuertes vínculos históricos con Chascomús, quedó en el centro de una polémica luego de que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires impulsara una licitación para reconvertir el histórico espacio del Cementerio de la Recoleta en un local comercial destinado a la venta de alimentos y bebidas, además de funcionar como tienda de regalos y punto de apoyo para recorridos turísticos nocturnos.
La bóveda está ubicada en la sección 17, tablón 201, sepulturas 1 a 12, y tiene aproximadamente 25 metros cuadrados. El espacio perteneció durante generaciones a la familia Girado, tradicional familia vinculada con la historia rural bonaerense y particularmente con Chascomús.
El vínculo con Chascomús
Uno de los elementos que generó especial atención en la comunidad chascomunense es la presencia de una placa colocada en homenaje al ingeniero Francisco J. Girado. La inscripción señala: “Al ingeniero Francisco J. Girado sus compañeros y amigos del Club de Pelota Chascomús”, con fecha de 1934.
También existe otra placa dedicada a Federico M. Girado, colocada por sus compañeros del Colegio Nacional en 1913. Ambas forman parte de la historia de la bóveda y, de acuerdo con la información difundida sobre el proyecto, serían retiradas durante las tareas de puesta en valor del inmueble.
La familia Girado tiene una extensa trayectoria histórica en la zona de Chascomús. Fuentes históricas señalan que su primera estancia documentada se encontraba precisamente en Chascomús, frente a la ciudad, en el establecimiento conocido como La Alameda.
¿Expropiación o caducidad de la concesión?
Aunque en las redes sociales comenzó a circular la versión de que la Ciudad “expropió” la bóveda, la documentación oficial permite precisar el proceso.
En 2024, el Gobierno porteño intimó a numerosos titulares de la concesión y a quienes acreditaran un interés legítimo para realizar obras destinadas a poner la bóveda en condiciones. El incumplimiento podía derivar en la caducidad de la concesión.
Posteriormente, en noviembre de 2025, una nueva notificación oficial reclamó a los titulares el pago de más de $15,5 millones correspondientes a trabajos urgentes de consolidación estructural realizados en la bóveda y advirtió nuevamente sobre la posibilidad de declarar la caducidad de la concesión.
Según explicó posteriormente el Gobierno porteño, la bóveda fue restituida al Estado después de ese procedimiento administrativo y quedó disponible para un nuevo uso.
De espacio funerario a café y tienda de regalos
El proyecto contempla una concesión por cinco años. El espacio podrá utilizarse para una tienda de regalos, venta de comidas y bebidas y como área de descanso y apoyo para quienes participen de los recorridos turísticos nocturnos del Cementerio de la Recoleta.
El canon previsto ronda los $1,6 millones mensuales, a lo que se suma un porcentaje de los ingresos generados por los recorridos nocturnos. El café funcionaría bajo la modalidad “al paso”, sin mesas ni sillas y sin elaboración de alimentos dentro de la bóveda.
La iniciativa generó cuestionamientos entre familiares y personas vinculadas con otras bóvedas del cementerio, que consideran inapropiado que una actividad comercial conviva con espacios destinados al descanso de personas fallecidas.
Una de las familiares, Lucía Girado, manifestó públicamente su preocupación y reclamó conocer qué ocurrió con los restos que se encontraban en el interior de la bóveda.
Una decisión que abrió un fuerte debate
Desde el Gobierno de la Ciudad sostienen que se trata de una iniciativa destinada a recuperar un espacio histórico deteriorado y ampliar la oferta cultural y turística del Cementerio de la Recoleta, tomando como referencia experiencias desarrolladas en otros cementerios históricos del mundo.
Sin embargo, el caso despertó un debate que excede a la Ciudad de Buenos Aires y alcanza especialmente a quienes mantienen vínculos históricos con la familia Girado y con Chascomús.
La presencia de una placa que recuerda al Club de Pelota Chascomús convierte a esta antigua bóveda en un sitio que también forma parte de la memoria histórica chascomunense. Ahora, el destino comercial proyectado para el lugar vuelve a poner en discusión los límites entre la preservación del patrimonio, la actividad turística y el respeto por los espacios funerarios.
