Casi todos los que evalúan comprar una pantalla LED llegan con la misma duda. Saben que se ve bien, saben que llama la atención, pero no saben si el número cierra. Y como la inversión inicial es alta, la decisión se posterga por meses.
El cálculo no es complicado. Lo que suele fallar es que se compara mal. Se mira el precio de la pantalla contra el precio de un cartel impreso, cuando en realidad hay que mirar el costo por impacto y compararlo contra lo que ya se está gastando en otros medios.
Acá va el método completo, con números de ejemplo para que puedas reemplazarlos por los tuyos.
Primero definí qué tipo de pantalla estás evaluando

Hay dos modelos de negocio distintos y se calculan distinto.
El primero es la pantalla propia. La ponés para comunicar lo tuyo, sea en la fachada de tu local, adentro del salón, en un showroom o en un stand. El retorno se mide en ventas adicionales y en ahorro de otros medios.
El segundo es la pantalla como activo comercial. La instalás para vender espacio publicitario a terceros. El retorno se mide en facturación mensual por anunciante.
Mezclarlos es el error más común. Una pantalla en la vidriera de tu local no se evalúa con la lógica de un mupi en una avenida.
Paso uno. Calculá el costo total real, no el precio de compra
El precio de la pantalla es una parte del costo. Lo que hay que sumar es todo esto.
- Precio de los módulos LED y el sistema de control.
- Estructura de soporte y cálculo estructural si va en altura o en fachada.
- Instalación, grúa y mano de obra.
- Instalación eléctrica y tablero dedicado.
- Permisos municipales y habilitación, que en muchas ciudades son obligatorios para publicidad exterior.
- Consumo eléctrico mensual.
- Conectividad para actualizar el contenido de forma remota.
- Producción de contenido, que es el costo que casi nadie presupuesta y termina siendo el más recurrente.
- Mantenimiento preventivo y reserva de repuestos.
- Seguro.
Con eso armás dos cifras. La inversión inicial y el costo operativo mensual.
Ejemplo. Una pantalla exterior de doce metros cuadrados, instalada y habilitada, con estructura incluida, en el orden de los treinta y seis mil dólares. Si la amortizás a cinco años, son seiscientos dólares por mes. Sumale operación mensual, digamos ciento veinte de electricidad, treinta de conectividad, cien de mantenimiento y reserva, doscientos cincuenta de producción de contenido. Eso da quinientos. Costo mensual total, mil cien dólares.
Ese es el número contra el que vas a comparar todo lo demás.
Una aclaración sobre la vida útil. Los paneles de buena calidad trabajan bien entre siete y diez años, así que amortizar a cinco es conservador y te deja un margen. Si el proveedor te ofrece un equipo mucho más barato, preguntá específicamente por la vida útil declarada y por la disponibilidad de repuestos. Ahí es donde se explica casi toda la diferencia de precio.
Fabricantes e integradores como Dinalight trabajan con líneas distintas según si la instalación es fija o de alquiler, justamente porque el uso previsto cambia el cálculo de amortización.
Paso dos. Estimá cuánta gente ve la pantalla de verdad

Acá es donde la mayoría infla el número y después se decepciona.
Necesitás tres datos.
Uno. El flujo. Cuántos vehículos o peatones pasan por día frente a la pantalla. Lo podés sacar de datos de tránsito municipales, de conteos propios en horarios distintos o de herramientas de medición de tráfico peatonal. Si contás vehículos, multiplicá por la ocupación promedio, que suele estar cerca de uno coma cuatro personas por auto.
Dos. La visibilidad efectiva. No todo el que pasa ve la pantalla. Depende del ángulo, de la altura, de la velocidad de circulación y de si hay obstáculos. En vía pública se suele trabajar con un factor de entre veinte y treinta por ciento del flujo total.
Tres. El tiempo de exposición. Cuántos segundos alguien puede efectivamente mirar. En una avenida rápida son dos o tres segundos. En una peatonal o en una sala de espera son varios minutos, y eso cambia por completo el tipo de contenido que conviene emitir.
Ejemplo. Pasan dieciocho mil vehículos por día. Con ocupación de uno coma cuatro, son veinticinco mil doscientas personas. Con un factor de visibilidad del veinticinco por ciento, quedan seis mil trescientos impactos por día. Por mes, cerca de ciento ochenta y nueve mil impactos.
Paso tres. Sacá el costo por mil impactos
Dividís el costo mensual total por la cantidad de impactos mensuales y lo llevás a base mil.
Con los números del ejemplo, mil cien dólares sobre ciento ochenta y nueve mil impactos da un costo por mil de cinco coma ocho dólares.
Ahora ese número ya se puede comparar. La vía pública tradicional en un buen emplazamiento suele moverse entre ocho y quince dólares por mil. Radio y digital varían mucho según segmentación. Si tu pantalla te da cinco coma ocho, estás comprando impactos más baratos que la alternativa, con la ventaja de que podés cambiar el mensaje todos los días sin costo de impresión ni de pegado.
Ese último punto vale plata y casi nunca se cuantifica. Si hoy imprimís cuatro cambios de gráfica al año en varias sucursales, sumá lo que gastás en impresión, en logística y en instalación. Eso desaparece con la pantalla y va directo a favor del cálculo.
Paso cuatro. Medí el impacto en ventas si la pantalla es propia
El costo por mil sirve para comparar medios, pero no prueba que vendas más. Para eso necesitás una medición limpia.
Lo más simple que funciona es comparar períodos. Tomá las ventas de las ocho semanas previas a la instalación y compará contra las ocho posteriores, corrigiendo por estacionalidad y por cualquier otra acción comercial que hayas hecho en el medio. Si tenés varias sucursales, mejor todavía, usá las que no tienen pantalla como control.
También podés medir promociones específicas. Emitís una oferta que solo aparece en la pantalla, con un código o un producto puntual, y contás cuántas conversiones trajo.
Ejemplo. Un local que factura sesenta mil dólares por mes con un margen bruto del cuarenta por ciento. Si la pantalla genera un aumento del cuatro por ciento en ventas, son dos mil cuatrocientos dólares adicionales y novecientos sesenta de margen. Contra un costo de mil cien, todavía no cierra. Recién con un aumento cercano al cinco por ciento empieza a empatar, y con seis o siete por ciento el retorno es claro.
Ese es el tipo de número que conviene saber antes de comprar y no después.
Paso cinco. Si la vas a explotar comercialmente, calculá el inventario
Acá el cálculo es más directo porque hay facturación concreta.
Definís un ciclo, por ejemplo sesenta segundos, con spots de diez segundos. Eso te da seis posiciones. Si emitís dieciocho horas por día, cada posición se repite mil ochenta veces por día.
Ejemplo. Reservás una posición para uso propio y vendés las cinco restantes a setecientos dólares mensuales cada una. Con ocupación plena serían tres mil quinientos, pero la ocupación real en el primer año rara vez pasa del sesenta por ciento. Con tres posiciones vendidas son dos mil cien de facturación mensual. Contra un costo de mil cien, el margen es de mil dólares por mes. La inversión inicial de treinta y seis mil se recupera en unos treinta y seis meses.
Si lográs vender las cinco posiciones, el repago baja a menos de dos años.
El punto crítico de este modelo no es la pantalla, es la venta. Necesitás alguien que salga a colocar el espacio todos los meses. Muchas pantallas bien ubicadas rinden poco simplemente porque nadie las comercializa de forma sistemática.
Errores que arruinan el cálculo
Usar el flujo total como si fuera audiencia. Si contás todos los autos que pasan, el costo por mil te va a dar tres veces mejor de lo real y vas a tomar una decisión sobre un número inventado.
Olvidarse del contenido. Una pantalla con el mismo aviso durante seis meses deja de funcionar. El presupuesto de producción es permanente, no inicial.
Amortizar a diez años. Puede que el equipo dure, pero la tecnología y el brillo se degradan. Cinco años es una base sana.
Ignorar el consumo. Una pantalla exterior grande a brillo alto consume bastante y en algunos casos exige adecuar la instalación eléctrica.
Comparar contra el cartel impreso y nada más. La comparación correcta incluye todo lo que la pantalla reemplaza y todo lo que habilita, como emitir mensajes distintos por horario o cambiar la oferta el mismo día.
Lo que conviene tener antes de pedir una cotización
Si llegás al proveedor con el flujo estimado, las horas de emisión, la distancia mínima de visión y el uso previsto, la cotización va a ser mucho más precisa y vas a poder comparar propuestas de verdad. Sin esos datos, cada proveedor te va a cotizar una pantalla distinta y la comparación no sirve.
Y con el costo mensual total en la mano, la conversación deja de ser sobre cuánto sale la pantalla y pasa a ser sobre cuánto te cuesta cada mil personas alcanzadas.
Que es, al final, la única pregunta que importa.
