Reforma laboral: ¿Qué pasará con ANSES tras la baja de aportes patronales?

La reforma laboral impulsada por el Gobierno de Javier Milei ha generado un intenso debate en el Congreso y en la sociedad argentina durante este mes de febrero de 2026. El punto más sensible para millones de ciudadanos es la reducción de las contribuciones patronales, una medida que busca incentivar el empleo registrado pero que, en paralelo, plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del sistema previsional gestionado por la ANSES.

La iniciativa, que obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados el pasado 12 de febrero, propone un cambio de paradigma: las empresas dejarían de aportar una parte de lo que hoy destinan a la seguridad social para derivarlo al nuevo Fondo de Asistencia Laboral (FAL), un mecanismo diseñado para prefinanciar las indemnizaciones por despido.

El desfinanciamiento de la ANSES bajo la lupa

El sistema jubilatorio argentino se basa en un esquema de reparto, donde los haberes de los actuales beneficiarios se pagan principalmente con tres fuentes: los aportes de los trabajadores, las contribuciones de los empleadores y una porción de impuestos generales como el IVA y el Impuesto al Cheque.

La preocupación central de la oposición y de diversos gremios es que, al reducirse las contribuciones patronales para alimentar el FAL, se produce una detracción directa de recursos que hoy van a la ANSES. Según estimaciones técnicas, esta “resignación de ingresos” podría alcanzar el 1,27% del PBI para finales de 2026. Esto obligaría al Estado Nacional a cubrir ese bache mediante una mayor transferencia de fondos del Tesoro, lo que pone presión sobre el equilibrio fiscal que el Gobierno defiende como innegociable.

Qué pasará con el monto de las jubilaciones

A pesar de las alarmas por el financiamiento, es importante aclarar que los montos de las jubilaciones actuales no se verán afectados de forma inmediata por esta reforma. Los haberes previsionales en Argentina están regulados por el Presupuesto Nacional y su actualización se rige por la movilidad mensual basada en el Índice de Precios al Consumidor (IPC).

Los puntos clave que el usuario debe conocer:

  • Garantía del Estado: Aunque la ANSES reciba menos aportes directos, la ley obliga al Tesoro Nacional a cubrir cualquier déficit para garantizar el pago de los haberes.
  • Impacto a largo plazo: El riesgo no es la quita de dinero hoy, sino la solvencia futura del sistema si la reducción de costos patronales no logra generar el “boom” de empleo registrado que el Gobierno promete para compensar la balanza.
  • Nuevos contratos: Para los nuevos empleos creados bajo esta reforma, se prevé una contribución reducida a la seguridad social (del 2%) por un período de 48 meses, lo que busca blanquear trabajadores informales.

El Fondo de Asistencia Laboral (FAL): El nuevo jugador

El FAL es el corazón de la reforma y funciona como una suerte de “ahorro forzoso” para las empresas. Las grandes compañías deberán aportar obligatoriamente un 1% y las PyMEs un 2,5% sobre la nómina salarial.

Este fondo busca que, al momento de un despido, el empleador no deba afrontar un pago extraordinario que ponga en riesgo la empresa, sino que utilice los fondos acumulados. Sin embargo, los detractores lo llaman “una AFJP por otros medios”, ya que ese capital será invertido en el mercado financiero mientras no se utilice, generando un nuevo negocio para el sector bancario.

Desafíos para el sistema de reparto

La reforma laboral de 2026 llega en un momento donde la moratoria previsional (Ley 27.705) ya perdió vigencia en marzo de 2025. Esto significa que el acceso a la jubilación se ha vuelto más estricto, dependiendo casi exclusivamente de tener los 30 años de aportes efectivos o recurrir a la PUAM (Pensión Universal para el Adulto Mayor), que paga el 80% de la mínima.

El éxito o fracaso de esta medida dependerá de si la baja de la presión fiscal sobre el empleo formal logra reducir el 40% de informalidad que arrastra el país. Si el empleo crece, la ANSES podría incluso fortalecerse; si el blanqueo fracasa, el sistema previsional dependerá cada vez más de los impuestos generales y menos del trabajo genuino.

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