Una propuesta que plantea trasladar la capital de la provincia de Buenos Aires desde La Plata hacia Junín comenzó a ganar espacio en el debate público bonaerense durante los últimos días. La iniciativa apunta a modificar profundamente la organización territorial y administrativa del distrito más poblado del país, bajo la premisa de avanzar hacia una mayor descentralización y acercar el poder político al interior productivo.
El planteo es impulsado por el exdiputado nacional Miguel Saredi y el ensayista Luis Gotte, quienes desarrollaron la idea en el libro Junín, capital de los bonaerenses, publicado por Editorial Dunken. La propuesta parte de un diagnóstico crítico sobre la actual distribución territorial del poder provincial y sostiene que la estructura vigente profundiza el desequilibrio existente entre el Área Metropolitana y el interior bonaerense.
¿Por qué proponen a Junín?
Uno de los principales fundamentos es la ubicación estratégica de Junín en el noroeste bonaerense y su fuerte vinculación con una amplia región productiva. Los impulsores consideran que la ciudad reúne condiciones para convertirse en un nuevo centro administrativo debido a su infraestructura, servicios sanitarios, educativos y comerciales, además de su conexión con importantes corredores viales.
La iniciativa pretende que el centro de gravedad político de la Provincia tenga una mayor proximidad con las actividades agropecuarias, industriales y las economías regionales. Desde esa perspectiva, el traslado tendría también un fuerte componente simbólico: significaría llevar parte del poder provincial hacia el interior bonaerense y reducir la histórica concentración administrativa en La Plata y en cercanías del Conurbano.
Los autores parten además de una cuestión estructural: Buenos Aires posee 135 municipios y más de 17 millones de habitantes, con enormes diferencias demográficas, económicas, productivas y sociales entre sus distintas regiones. Para los promotores de la propuesta, semejante dimensión obliga a discutir si la organización institucional diseñada hace más de un siglo continúa siendo la más adecuada para administrar la Provincia.
No implicaría inicialmente trasladar todo el Estado
El planteo conocido hasta el momento no supone necesariamente mudar de manera inmediata la totalidad de la administración pública provincial. Una de las alternativas es instalar en Junín al gobernador y una estructura reducida del Poder Ejecutivo, utilizando la nueva capital como herramienta para iniciar un proceso más amplio de descentralización.
En ese esquema, La Plata no perdería su enorme importancia dentro de la Provincia. La propuesta contempla que continúe desempeñando un papel central como polo universitario, científico, educativo y cultural, mientras la reorganización administrativa buscaría distribuir funciones y generar nuevos centros de decisión en territorio bonaerense.
El debate se vincula, además, con una concepción más amplia de reorganización provincial que contempla fortalecer distintos polos del interior y disminuir la centralización. Entre los ejes mencionados aparece un esquema territorial con ciudades como Junín, Tandil y Bahía Blanca como referencias del interior productivo.
El principal obstáculo: la Constitución bonaerense
Más allá del debate político, existe una cuestión jurídica fundamental que vuelve especialmente complejo un eventual traslado definitivo.
El artículo 5 de la Constitución de la Provincia de Buenos Aires establece expresamente que La Plata es la capital provincial y determina que las Cámaras Legislativas, el Poder Ejecutivo y la Suprema Corte de Justicia deben funcionar permanentemente allí, salvo situaciones extraordinarias en las cuales una ley disponga transitoriamente otra cosa.
Por lo tanto, un cambio permanente de la capital no podría concretarse mediante una simple decisión administrativa del gobernador ni, en principio, con una ley ordinaria: requeriría modificar la disposición constitucional que establece a La Plata como capital bonaerense, lo que abriría un proceso institucional y político considerablemente más complejo.
A ello deberían agregarse cuestiones prácticas de enorme magnitud, como el costo de una eventual mudanza, la infraestructura necesaria, la situación de los trabajadores estatales, el funcionamiento de ministerios y organismos y, dependiendo del alcance de la transformación, la localización de los poderes Legislativo y Judicial.
La Plata nació precisamente por un traslado de la capital
El debate tiene además una particular referencia histórica. La Plata fue fundada justamente para convertirse en capital de la Provincia, luego de que la ciudad de Buenos Aires fuera federalizada en 1880.
Tras aquella decisión, la Provincia necesitó establecer una nueva sede para sus autoridades. Durante el proceso se analizaron diferentes alternativas, entre ellas Campana, Chascomús, Dolores, Mercedes, Quilmes, San Nicolás y Zárate. Finalmente se eligió la zona de las Lomas de Ensenada y el gobernador Dardo Rocha impulsó la creación de una ciudad especialmente diseñada para convertirse en el centro político bonaerense. La piedra fundamental de La Plata fue colocada el 19 de noviembre de 1882.
Por ahora es una propuesta y no una decisión oficial
Pese a la repercusión alcanzada durante los últimos días, resulta importante diferenciar el planteo de una iniciativa gubernamental en marcha. No existe actualmente una decisión oficial del Gobierno bonaerense para trasladar la capital a Junín. La propuesta de Saredi y Gotte busca, fundamentalmente, instalar una discusión acerca de la descentralización, el peso del interior y la organización territorial de Buenos Aires.
El planteo se suma a otras ideas que comenzaron a circular alrededor de la estructura territorial bonaerense, desde una mayor regionalización y descentralización administrativa hasta propuestas mucho más profundas relacionadas con el Conurbano.
De este modo, detrás de la posibilidad de que Junín reemplace algún día a La Plata como capital de la provincia de Buenos Aires aparece una discusión mucho más amplia: cómo administrar un territorio de enorme extensión, con más de 17 millones de habitantes y realidades profundamente diferentes, y hasta qué punto resulta conveniente acercar una mayor porción del poder político y administrativo al interior bonaerense.
