CHASCOMUS: Mensaje de Navidad del Obispo Malfa

Pesebre-navidad

1.- “¡Ven Señor Jesús!”Con esta invocación venimos disponiendo nuestro corazón para acoger y gustar la alegría del Nacimiento del Redentor, reconociéndolo en el Niño: “Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales  y acostado en un pesebre” (Lc 2, 12).

En Navidad Dios ha venido a habitar entre nosotros, ha venido por nosotros, para estar con nosotros. El anuncio del Ángel de la Nochebuena nos da la única razón para celebrar la navidad… “Les ha nacido hoy el Salvador” (Lc 2,11), el único en el que podemos poner nuestra última esperanza.

2.- “A María le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no tenían lugar para ellos en la posada” (Cfr. Lc 2, 6ss), ¿tenemos tiempo y lugar para Dios cuando Él golpea a nuestra puerta?  ¿Puede entrar en nuestra vida y encontrar un lugar en nosotros? Cuando llama a la puerta de nuestros pensamientos, sentimientos, acciones ¿hay lugar para Él? ¿Tenemos tiempo y espacio para el prójimo que sufre y tiene necesidad? Si estamos “llenos” de nosotros mismos ya no queda espacio para Dios y, por lo mismo, tampoco queda espacio para los otros.

En el Evangelio encontramos el amor de su Madre María; la fidelidad de San José, la alegría y vigilancia de los pastores, la búsqueda y visita de los sabios Magos. He aquí la llamada a ponernos en camino, salir de la cerrazón de nuestros intereses para ir al encuentro del Señor y adorarlo. Cuando lo adoramos se abre nuestra vida al amor, a la verdad, al bien, que tienen un Nombre y un rostro: Jesús; y también se abre nuestra vida al humilde servicio de quienes están a los bordes del camino y en los cuales Jesús nos espera siempre.

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Sí, hermanos y hermanas muy queridos, pongámonos en camino hacia el Niño en esta Navidad, toquemos la humildad y el corazón de Dios. Entonces su alegría nos inundará y hará más luminosa nuestra vida y nuestro mundo.

3.- Dice Teresa de Lisieux: “Yo no puedo temer a un Dios que se ha hecho tan pequeño por mi… ¡Yo le amo!”

Dios se nos revela en la fragilidad de un niño débil e indefenso, se nos ofrece en la ternura de un recién nacido.

Dios ha querido hacerse niño por nosotros, así en cada niño -nacido o no nacido- resplandece la luz del Niño de Belén y cada niño reclama nuestro amor.

Pensemos en esta Navidad en los niños que carecen de todo amor, en los niños de la calle que tienen que mendigar y sufrir hambre y miseria, expuestos acualquier clase de violencia, en los niños heridos en lo más profundo del alma por la industria de la pornografía y por todas las formas despreciables de abuso y de trata.

En todos estos niños es el Niño de Belén quien nos reclama, es el Dios que se ha hecho pequeño quien nos interpela. No solo para que en nuestra oración pidamos que el resplandor del Amor de Dios acaricie a todos los niños sino también para que Dios nos ayude a hacer todo lo que esté en nuestras manos y aún más para que termine la tortura de estos niños y su dignidad sea amada y respetada.

“Se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a los hombres” (Tito 3, 4). Esta es la nueva y consoladora certidumbre que nos trae la Navidad.

Con mi oración y bendición, ¡Feliz Navidad!

                                                 Carlos H. Malfa

                                                  Obispo de Chascomús

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