Crisis en la planta de Corona en Zárate: menos empleados y un solo turno

La planta que Cervecería Quilmes inauguró en 2020 en la ciudad de Zárate para producir en el país la cerveza mexicana Corona atraviesa hoy uno de los momentos más delicados desde su apertura. Lo que comenzó como una apuesta fuerte a la industrialización local y la generación de empleo, con una inversión superior a los 5 mil millones de pesos, enfrenta ahora un profundo proceso de ajuste.

A poco más de cinco años de aquel anuncio que prometía posicionar a la Argentina como polo regional de producción de la reconocida marca internacional, la empresa puso en marcha un nuevo plan de retiros voluntarios. La medida apunta a reducir de manera drástica la estructura de personal: de los 260 operarios con los que llegó a funcionar la planta, quedarán poco más de 80.

El recorte no es reciente ni aislado. Durante el segundo semestre de 2025 ya se habían concretado despidos en un contexto de fuerte caída en el consumo.

Según fuentes gremiales, las ventas habrían retrocedido alrededor de un 45% durante el año pasado, un golpe que impactó de lleno en la actividad industrial y obligó incluso a paralizar líneas de producción en otras instalaciones de la compañía.

Actualmente, la planta de Zárate cuenta con unos 140 trabajadores. El acuerdo alcanzado con el sindicato contempla la salida de 60 más bajo la modalidad de retiro voluntario. En términos concretos, significa que la dotación quedará reducida a menos de un tercio de la que supo tener.

Desde el gremio cervecero explicaron que la negociación se dio en un escenario complejo, ante la posibilidad de una paralización total o incluso el cierre definitivo del establecimiento. El referente sindical en la planta, Horacio Romero, señaló que la crisis responde a una combinación de factores: una baja marcada en el consumo interno y un incremento de importaciones que, según denunció, afectan la producción local.

La reorganización también impacta en la dinámica operativa. De los tres turnos que supo tener la fábrica, quedará activo solo uno. Se mantendrá la línea de envasado en vidrio no retornable, con una estructura mucho más reducida. La prioridad, según admitieron desde el sector gremial, es sostener al menos una parte de la actividad para evitar un cierre total.

El caso refleja con claridad el momento que atraviesa la industria cervecera en el país: inversiones recientes que hoy deben adaptarse a un mercado en retracción, consumo debilitado y un escenario económico que obliga a las empresas a reconfigurar sus plantas productivas para sobrevivir.

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