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Una familia de la ciudad bonaerense de Chacabuco está desesperada porque necesita urgente un botón gástrico y un bipedestador para su hijo Yahir, de tres años, quien nació con toxoplasmosis congénita, tiene parálisis cerebral, encefalopatía crónica no evolutiva y trastorno deglutorio.

El nene, que pasa sus horas acostado en una cama, también debe hacer kinesiología de pileta pero por falta de ingresos dejó de asistir. “Mi hijo está bajo internación domiciliaria y se alimenta a través de un botón gástrico que cada tanto se debe cambiar. El último que tiene se lo compramos nosotros, haciendo rifas entre los amigos y vecinos, pero nunca recibimos el reintegro por parte de la obra social, quienes desde entonces nos han soltado la mano, no nos ayudan nada, al igual que las autoridades municipales”, expresó Camila Sosa, mamá del pequeño.

“Yo soy ama de casa y mi marido hace changas. No manejamos un sueldo fijo. Nosotros prácticamente vivimos el día a día, tenemos una casita prestada, precaria. No garantizamos las comodidades que él necesita pero la remamos. Por eso, cada vez que tocamos el botón gástrico vivimos con el miedo de que pase algo ya que no tenemos repuesto”, indicó la mujer, quien aclaró que el valor del elemento ronda los 7.000 pesos.

La familia no recibe ayuda de la obra social, que los dejó desamparados cuando más lo necesitaban.

Pero ese no es el único problema que se le presenta a esta familia. El menor, que según sus seres queridos “es tranquilo, sonríe cuando le hablan y conoce las voces de los que están a su alrededor”, tiene problemas en su visión y además requiere de un bipedestador (silla de ruedas que brinda la posibilidad de desdoblarse para que la persona pueda ponerse de pie).

“Él es chiquito y tener eso sería fundamental para su evolución. La mayor parte del tiempo lo tengo acostado y eso puede traer problemas de columna más adelante”, dijo Sosa. “Nosotros no tenemos patio, así que a veces lo siento en una reposerita que ubico en la vereda de mi casa pero mucho tiempo no puede estar”, continuó la mamá.

“Él está todo el día acá porque la silla de ruedas que le entregaron no tiene algo que le sostenga la cabeza y no cumple la función que necesitamos”, continuó. Por otro lado, señaló que como en Chacabuco no hay piletas para hacer kinesiología, decidió enviar a su hijo a la ciudad vecina de Chivilcoy, pero sólo duró unas pocas sesiones: “Dejamos de concurrir porque no podíamos pagar el remis. Fue una frustración muy grande pero realmente no nos alcanza. Me moví por todos lados, pregunté en Desarrollo Social para saber si me cubrían el traslado pero me dijeron que no. Así que ahora lo suspendimos, lamentablemente. No hay forma de pagarlo. Fuimos cuatro días y nos tuvimos que volver”.

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