Una denuncia testimonial reactivó la preocupación de la Justicia federal ante la posibilidad de que en el cementerio de Villa Gesell se encuentren restos de víctimas de los denominados “vuelos de la muerte”, uno de los métodos más estremecedores utilizados durante la última dictadura militar.
El caso tomó impulso luego de que el juez federal de Dolores, Martín Bava, ordenara una serie de medidas en la necrópolis de esa localidad. Entre ellas, dispuso la suspensión de exhumaciones tanto en sepulturas en tierra como en nichos con vencimientos por falta de pago, un procedimiento que el municipio había previsto realizar. La decisión también abarca a todos los restos ingresados entre 1976 y 1983, período correspondiente al régimen militar. Además, el magistrado solicitó un relevamiento detallado de todas las modificaciones efectuadas en el cementerio desde su creación en 1971 hasta la actualidad.
El punto de partida de la investigación fue la declaración de Marcela González, vecina de la ciudad balnearia, quien aportó información basada en relatos de su madre, ex trabajadora municipal desde 1975. Según su testimonio, a comienzos de la década del 80 su madre fue asignada a realizar un relevamiento en el cementerio debido a la existencia de tumbas que no figuraban en los registros oficiales. En ese trabajo detectó numerosas sepulturas sin identificación alguna.
De acuerdo al relato, al consultar sobre esta irregularidad al entonces cuidador y sepulturero Juan Carlos Dorrego, le habría indicado que se trataba de personas “llevadas de noche”, lo que encendió las sospechas sobre posibles enterramientos clandestinos vinculados al accionar represivo de la época.
Dorrego fue una figura conocida en la comunidad y, con el paso del tiempo, surgieron múltiples versiones en torno a su rol durante aquellos años. En particular, se recuerda que entre 1978 y 1979 aparecieron cuerpos en distintas playas de la región, incluyendo Villa Gesell, los cuales en ese momento fueron atribuidos a un supuesto naufragio, aunque nunca se esclareció el origen ni el destino final de esos restos.
Décadas más tarde, a partir de los años 2000, el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense permitió identificar cuerpos enterrados como NN en cementerios de la zona. Muchos de ellos fueron hallados en General Lavalle, donde se lograron reconocer víctimas emblemáticas, entre ellas integrantes de Madres de Plaza de Mayo.
En Villa Gesell, en tanto, solo se logró identificar hasta el momento a Santiago Villanueva, un joven militante peronista. No obstante, los investigadores sostienen la hipótesis de que podría haber más personas enterradas sin identificar en ese predio.
Según lo declarado por González, su madre le habría mencionado la existencia de al menos 18 tumbas NN. Durante años, la mujer decidió no hacer pública esta información por respeto a su madre, pero tras su fallecimiento optó por presentarla ante la Justicia.
La investigación continúa en curso y se espera que las medidas ordenadas permitan esclarecer si en el cementerio geselino existen restos vinculados a crímenes de la dictadura, un proceso que podría aportar nuevos elementos a la reconstrucción de la memoria histórica.














