Santiago Ferreya tiene 14 años, vive en la ciudad de General Belgrano y atraviesa una de las instancias más complejas de su corta vida. Fue diagnosticado con linfoma difuso de células grandes B, una forma agresiva de cáncer del sistema linfático, y su cuadro clínico se agravó al confirmarse que la enfermedad es refractaria, es decir, que no respondió a los tratamientos convencionales aplicados hasta el momento.
A lo largo de los últimos meses, Santiago fue sometido a distintos procedimientos médicos indicados para este tipo de patologías oncohematológicas, incluyendo esquemas terapéuticos intensivos. Sin embargo, la enfermedad continuó avanzando, lo que llevó a su equipo médico a indicar, de manera urgente, un nuevo abordaje terapéutico.

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Ante este escenario, los profesionales que lo asisten prescribieron el medicamento Epcoritamab, una droga de última generación utilizada en casos específicos de linfomas B agresivos que no responden a tratamientos previos. Se trata de un anticuerpo biespecífico, una inmunoterapia que actúa activando al sistema inmunológico del propio paciente para que reconozca y destruya las células cancerígenas. Su indicación suele reservarse para situaciones críticas, cuando otras alternativas han fracasado.
El principal obstáculo es su altísimo costo, completamente inaccesible para la familia y fuera de cualquier posibilidad económica personal, lo que impide iniciar el tratamiento en el tiempo que la patología exige.
Frente a la urgencia del cuadro y el avance de la enfermedad, Santiago decidió grabar y difundir un video a través de las redes sociales en el que realiza un pedido desesperado y directo: solicita ayuda para poder acceder al medicamento que podría darle una nueva oportunidad terapéutica. En su mensaje apela a la solidaridad de la comunidad, instituciones, organismos y a cualquier persona o entidad que pueda colaborar para conseguir la droga con carácter inmediato.
El caso de Santiago vuelve a poner en evidencia la dura realidad que enfrentan muchas familias ante enfermedades complejas y tratamientos de altísimo costo, donde el tiempo es un factor determinante y el acceso a la medicación puede marcar la diferencia entre la vida y la progresión de la enfermedad.
Mientras tanto, la familia aguarda una respuesta urgente. El linfoma no espera.










