El escenario político de la provincia de Buenos Aires ha comenzado a agitarse prematuramente con miras a las próximas definiciones electorales. Dentro de las filas del peronismo bonaerense, se ha instalado un debate profundo y estratégico sobre la conveniencia de utilizar las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) como el mecanismo para dirimir la candidatura que buscará suceder a Axel Kicillof. Esta discusión no solo pone en juego nombres propios, sino que refleja las tensiones internas entre los distintos sectores que integran la coalición, en un contexto donde la unidad y la renovación de liderazgos resultan determinantes para mantener el control del principal distrito electoral del país.
Los sectores en pugna y la estrategia de la democratización interna
El debate sobre las PASO surge como una respuesta a la necesidad de contener a las diversas tribus que conviven en el peronismo provincial. Por un lado, los intendentes del conurbano buscan recuperar un rol protagónico en la toma de decisiones, argumentando que su gestión territorial es la base del caudal de votos del espacio. Por otro lado, las organizaciones sociales y los sectores más cercanos a la conducción nacional del movimiento pujan por una representación que refleje la agenda de los sectores populares.
La implementación de una PASO competitiva es vista por algunos dirigentes como una herramienta de “oxigenación” que permitiría movilizar a la militancia y evitar que las diferencias internas terminen en fugas hacia otras fuerzas políticas. Sin embargo, sectores más conservadores dentro de la estructura partidaria temen que una interna feroz desgaste la figura del ganador y facilite una victoria de la oposición en los comicios generales, considerando que la provincia de Buenos Aires no cuenta con balotaje y se gana por un solo voto de diferencia.
El rol de Axel Kicillof en la transición bonaerense
Aunque el actual gobernador no tiene posibilidad de reelección, su figura es central en este proceso de sucesión. Kicillof busca consolidar un heredero político que garantice la continuidad de su modelo de gestión, centrado en la obra pública y la defensa de los recursos provinciales frente al ajuste nacional. La discusión sobre las PASO también funciona como un termómetro de su propio liderazgo y de su capacidad para arbitrar entre las facciones en disputa.
En el entorno del gobernador, se analiza con cautela si una interna abierta fortalecería el proyecto político o si, por el contrario, expondría fracturas difíciles de sanar en el corto plazo. La prioridad de la gestión actual es asegurar que la transición no afecte la gobernabilidad ni la ejecución de programas críticos que dependen de las arcas provinciales, especialmente en un año donde el financiamiento externo y nacional se ha visto severamente recortado.
Candidatos potenciales y el peso del territorio
Si bien todavía no hay lanzamientos oficiales, los nombres que circulan en las mesas de debate incluyen a ministros del gabinete provincial, legisladores de peso y, fundamentalmente, a intendentes de distritos clave de la primera y tercera sección electoral. Estos últimos argumentan que el sucesor de Kicillof debe ser alguien con “conocimiento de gestión municipal”, capaz de articular de manera eficiente con los 135 distritos que componen la provincia.
El impacto de la decisión en el tablero nacional
Lo que suceda en el peronismo bonaerense tendrá, inevitablemente, un efecto dominó en el resto de la política argentina. Si la provincia de Buenos Aires logra resolver su interna mediante una PASO ordenada y participativa, podría establecer un modelo para el reordenamiento del peronismo a nivel nacional. Por el contrario, una ruptura o una imposición “a dedo” que genere malestar en las bases podría debilitar las chances de la fuerza política en el resto del país.












